El sabor particular de la Patagonia se expresa en los productos de Viñas de Huancache, un emprendimiento familiar que nació para fortalecer la actividad turística que desde hace más de quince años, Laura y Daniel desarrollan en Gualjaina. La incipiente producción de pequeña escala dio resultados de excelencia, aportando un plus para deleitar a los huéspedes que llegan atraídos por el paisaje de la meseta y el volcán Piedra Parada.
Se trata de un viñedo orgánico que produce vinos Chardonnay y Pinot de alta calidad. La Hostería con el desarrollo de la bodega como agregado de valor, se emplaza a 90 km de la ciudad de Esquel, en Chubut, en una pequeña localidad llamada Gualjaina.
Su ubicación le da un toque especial. A 50 km de distancia, se encuentra Piedra Parada, una formación volcánica milenaria que desafía a escaladores y deslumbra a turistas de todo el mundo. El suelo donde crece la vid está impregando por las cenizas de este viejo volcán, otorgando características únicas a las uvas. De ahí el nombre de sus vinos Terruño de Caldera.

Permitirse soñar
Esta historia tiene como protagonistas a Laura Galdámez y Daniel Fermani. Oriundos de La Plata, quedaron cautivados por la Patagonia y decidieron emprender en este paraje estepario, ubicado en el noreste de la provincia, a 65 kilómetros de la mística Ruta 40.
“Fue un desafío enorme llevarlo a cabo tanto desde lo económico como desde lo emocional”, recordó Laura, al mencionar la construcción de la hostería.
Mirador Huancache, como alojamiento turístico, nació en 2006. Un bloque de habitaciones con baño privado y dos cabañas. Año a año se fue completando con nuevos espacios y servicios para los huéspedes. Se sumó una salón de usos múltiples, piscina climatizada y gastronomía exclusiva.
Daniel se capacitó como guía baqueano para ofrecer excursiones a la zona volcánica de Piedra Parada, transmitiendo la riqueza cultural, geológica, arqueológica y paleontológica, propia de la zona.
La propuesta se amplió con la idea de «armar un producto turístico vitivinícola, para tentar al pasajero con un lindo espacio para quedarse, disfrutar de los servicios, darle la posibilidad de conocer el viñedo, la bodega, contarle sobre el proceso de elaboración y degustar de un vino producido en el lugar”, detalló Laura.

El desafío de crecer
El proyecto vitivinícola surgió en 2017, seducidos por la experiencia de algunos colegas, que habían comenzado con viñedos en pueblos aledaños, como Trevelin, Paso del Sapo, El Hoyo y Lago Puelo.
“Creímos que era posible. El cultivo de las vides no se había intentado en esta zona de Chubut por las adversidades climáticas. La expectativa era generar un buen producto que aporte un ingrediente más al emprendimiento turístico”, explicó.
Primero plantaron 1500 plantas. Eligieron variedades de ciclo corto, que se adaptaran al clima y a las horas de luz. Comenzaron con Pinot Noir, Chardonnay y Suavignon Blanc.
Luego sumaron más cantidad de plantas hasta llegar a las 4500. Agregaron también un pequeño lote de Merlot, y bordearon la hostería con una uva tintorera, llamada Aspirant Bouchet, que aporta color al paisaje.
«Son los minerales que transmite la ceniza volcánica de Piedra Parada lo que le da a la uva, ese sabor tan particular «
Los logros superaron las expectativas. En 2020, avanzaron con la construcción de la bodega, donde se realiza el proceso de elaboración y actualmente están levantando la cava para estibar los vinos. Este es el segundo año de comercialización.
«Estamos contentos. Las producciones en estas latitudes son pequeñas debido a la cuestión climática, pero el resultado es un vino de alta gama, con valores altos. Le apuntamos a calidad no a cantidad”, aseguró Laura.
















