Es un eslabón fundamental en la industria del petróleo no convencional. Un pozo estándar requiere de alrededor de 3.000 toneladas, inyectadas junto a miles de litros de agua y químicos para resquebrajar las rocas del subsuelo y extraer crudo o gas a la superficie. Se estima que un buen pozo horizontal necesitaría 6.000 toneladas de arena.





